He aprendido que es mejor vivir cuando se tiene vida, que cuando nos llega la muerte. 
Es mejor recordar aquellos momentos de alegría; que no tener nada que recordar.
La tristeza es pasajera; y trae consigo su recompensa.
La alegría refresca el alma pero no trae enseñanzas profundas.
Hay cicatrices en la vida que marcan nuestro cuerpo para que podamos valorar los momentos.
Las pequeñas cosas de la vida son las que marcan las grandes diferencias.
A través de los ojos de un niño podemos apreciar las grandes cosas de la vida.
Las cosas simples son las que permiten que lleguemos a las más complejas.
Solo el esfuerzo tiene su recompensa.
Hay que agradecer todo lo bueno que tenemos y todo lo malo también. A través de las tribulaciones somos capaces de transformarnos en los seres humanos que verdaderamente queremos ser.
No hay nada imposible, sino una terrible vagancia que no nos deja hacer lo que realmente queremos.
Es más fácil adquirir un mal hábito que cambiarlo.
Los placeres de la vida son a veces los más caros.
La vida sencilla tiene sus ventajas.
Es mejor dormir con la conciencia tranquila.
Hay decisiones que parecen de cobardía, que la mayoría de las veces son las que mas coraje requieren.
Los hijos son una bendición aunque a veces estas bendiciones traen consigo un verdadero compromiso.
A veces queremos exigir a nuestros hijos lo que nosotros no hacemos.
Los maestros somos también alumnos, aprendemos de cerca el verdadero significado de la vida y de los verdaderos valores que debemos forjar.
Los maestros somos los que propulsamos el cambio que requiere nuestra sociedad.
Ser maestro es un compromiso con la vida misma, con el futuro, con los valores, con la individualidad de cada ser humano.
Ser padres y/o madres es una decisión fácil de tomar pero se nos olvida que es un compromiso 24 horas, 7 días a la semana, y muy pocas, muy pocas vacaciones.

Es mejor recordar aquellos momentos de alegría; que no tener nada que recordar.
La tristeza es pasajera; y trae consigo su recompensa.
La alegría refresca el alma pero no trae enseñanzas profundas.
Hay cicatrices en la vida que marcan nuestro cuerpo para que podamos valorar los momentos.
Las pequeñas cosas de la vida son las que marcan las grandes diferencias.
A través de los ojos de un niño podemos apreciar las grandes cosas de la vida.
Las cosas simples son las que permiten que lleguemos a las más complejas.
Solo el esfuerzo tiene su recompensa.
Hay que agradecer todo lo bueno que tenemos y todo lo malo también. A través de las tribulaciones somos capaces de transformarnos en los seres humanos que verdaderamente queremos ser.
No hay nada imposible, sino una terrible vagancia que no nos deja hacer lo que realmente queremos.
Es más fácil adquirir un mal hábito que cambiarlo.
Los placeres de la vida son a veces los más caros.
La vida sencilla tiene sus ventajas.
Es mejor dormir con la conciencia tranquila.
Hay decisiones que parecen de cobardía, que la mayoría de las veces son las que mas coraje requieren.
Los hijos son una bendición aunque a veces estas bendiciones traen consigo un verdadero compromiso.
A veces queremos exigir a nuestros hijos lo que nosotros no hacemos.
Los maestros somos también alumnos, aprendemos de cerca el verdadero significado de la vida y de los verdaderos valores que debemos forjar.
Los maestros somos los que propulsamos el cambio que requiere nuestra sociedad.
Ser maestro es un compromiso con la vida misma, con el futuro, con los valores, con la individualidad de cada ser humano.
Ser padres y/o madres es una decisión fácil de tomar pero se nos olvida que es un compromiso 24 horas, 7 días a la semana, y muy pocas, muy pocas vacaciones.
1 comentarios:
La vida debe ser vivida, sea ne los momientos mejor que en aquellos peor.
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