Cada vez que la veo vienen a mi mente todos esos recuerdos de fines de semana compartidos con familiares y amigos.

Hoy en día es sólo un lugar en venta que muestra el paso de los años y lo infame que puede ser el tiempo; quizás nadie imagina que bajo esa fachada se esconde una casa que albergó tantos días de escondite en el patio, tantos jardines con flores que llenaban el ambiente de aromas inconfundibles.

Noches llenas de historias, oscuros pasillos cómplices de niños y niñas sin deseos de dormir, pasillos oscuros que parecían interminables.

Quien diría que hoy ya no hay más jardines, que te la pasas a solas, quizás esperando por alguien que vuelva a llenar tus salones de sonrisas. Alguien que reavive tu antigua gloria y que se atreva a ver más allá de tu realidad.

Para mi siempre serás aquel refugió que vio a ésta niña jugar a las escondidas, que deliraba por montar a caballo por tu patio y que soñaba mientras transcurrían los días en el campo; y qué decir de las noches de pánico viendo el pasillo a oscuras, escuchando cualquier clase de sonidos que se magnifican en la oscuridad.

Todavía hoy me imagino caminando por los pasillos, tal vez sentada en la terraza o quizás admirando las fotos en el estudio. Quien sabe si a lo mejor estaría en aquel pino de enfrente trepada entre las ramas.

¡Ah, qué dicha!

Sólo espero que el tiempo te deje inmortalizada conmigo y que yo pueda seguir paseándome por tus jardines y salones cada vez que quiera volver a vivir aquellos años en los que ir a la casa de campo del abuelo era lo más grande del mundo.

Te veo con nostalgia, quizás hasta con lágrimas; siento impotencia al no poder volver.

Eran tiempos buenos que han sido ocupados por otros, pero nunca será igual.

Sólo el tiempo dirá cual será tu destino final, pro en mi corazón siempre estarás.