Estoy subiendo las escaleras y los escalones parecen interminables, regularmente utilizo las escaleras de caracol; pero hoy no. Hoy utilizo la escalera principal; a veces pienso que me vas a sorprender por la jardinera; mi corazón se acelera.
Completo mi trayecto de subir los escalones, volteo; pero no estas. Me armo de valor y toco la puerta, me deslizo con un nudo en la garganta e inspecciono el lugar.
Hace tanto que no visito esta casa; han sido muchos los años que han pasado.
Me cuesta adentrarme en la casa, veo el comedor, la sala, la puerta del patio siempre abierta; me quedo esperando a que vengas a acompañarme y aun no llegas.
Las lágrimas se asoman cuando me aproximo a las habitaciones, siento una daga en mi corazón; tu habitación es la primera y entro.
Siento una gran tristeza al ver tu habitación vacía, me siento en la cama y observo. Veo tus premios de natación cuidadosamente enmarcados en la pared, la jardinera me brinda mucha paz, pero no es suficiente.
Ha sido muy largo el tiempo transcurrido y aun guardo en mi memoria aquella mañana de semana santa cuando desde tu guagua hacia Mao te despedías.
¡Quien iba a decir que realmente era eso una despedida!
No hubo explicación, ni un motivo, simplemente te fuiste y ya no nos vimos. Nadie mas hablo, ni cuestionó, solo el vació quedo dejando en nuestras vidas mucho dolor.
Hoy igual que en otras ocasiones te recuerdo, lloro en silencio y con gran tristeza en mi corazón tu recuerdo viene a mi.
Fuiste muy especial en nuestras vidas, un hermano extra que nos regalo la vida, nunca imaginábamos una despedida a destiempo y tan sorpresiva.
Son las cosas que uno entrega a Dios, pues solo el conoce de mi dolor, mi decepción; por no poder estar a tu lado el día del entierro para poderme despedir.
Se que éramos niños, que a lo mejor era muy pronto para nosotros poder comprender; pero hoy solo se que siento el vacío y ya no hay nada que hacer.
Fue corto el tiempo, pero suficiente para que quedaras impregnado en mi memoria, de tantas tardes de juegos, y almuerzos compartidos.
Todavía hoy escucho tu risa, te siento jugando en cada espacio del patio o dándote un chapuzón en la piscina del vecino.
Se que me observas, que estas pendiente de todos nosotros, que nos tomas de la mano y nos brindas un abrazo. Eres ese ángel silencioso que se pasea en todo momento, que estas en nuestros momentos de alegrías y tristezas; que compartes con nosotros tantos momentos especiales. Te siento en la brisa fresca, en la lluvia que refresca; incluso en aquel 1 de octubre tan especial, se que estuviste viendo el primer aliento de mi hijo.
Se que nos veremos de nuevo, que estarás cuando llegue el momento, solo espero que estés para darme la bienvenida y realmente podernos entrelazar en un fraternal abrazo. Será hasta entonces; se que es solo un hasta luego, que vivimos en tiempo prestado y nadie sabe el día exacto para el reencuentro.
Completo mi trayecto de subir los escalones, volteo; pero no estas. Me armo de valor y toco la puerta, me deslizo con un nudo en la garganta e inspecciono el lugar.
Hace tanto que no visito esta casa; han sido muchos los años que han pasado.
Me cuesta adentrarme en la casa, veo el comedor, la sala, la puerta del patio siempre abierta; me quedo esperando a que vengas a acompañarme y aun no llegas.
Las lágrimas se asoman cuando me aproximo a las habitaciones, siento una daga en mi corazón; tu habitación es la primera y entro.
Siento una gran tristeza al ver tu habitación vacía, me siento en la cama y observo. Veo tus premios de natación cuidadosamente enmarcados en la pared, la jardinera me brinda mucha paz, pero no es suficiente.
Ha sido muy largo el tiempo transcurrido y aun guardo en mi memoria aquella mañana de semana santa cuando desde tu guagua hacia Mao te despedías.
¡Quien iba a decir que realmente era eso una despedida!
No hubo explicación, ni un motivo, simplemente te fuiste y ya no nos vimos. Nadie mas hablo, ni cuestionó, solo el vació quedo dejando en nuestras vidas mucho dolor.
Hoy igual que en otras ocasiones te recuerdo, lloro en silencio y con gran tristeza en mi corazón tu recuerdo viene a mi.
Fuiste muy especial en nuestras vidas, un hermano extra que nos regalo la vida, nunca imaginábamos una despedida a destiempo y tan sorpresiva.
Son las cosas que uno entrega a Dios, pues solo el conoce de mi dolor, mi decepción; por no poder estar a tu lado el día del entierro para poderme despedir.
Se que éramos niños, que a lo mejor era muy pronto para nosotros poder comprender; pero hoy solo se que siento el vacío y ya no hay nada que hacer.
Fue corto el tiempo, pero suficiente para que quedaras impregnado en mi memoria, de tantas tardes de juegos, y almuerzos compartidos.
Todavía hoy escucho tu risa, te siento jugando en cada espacio del patio o dándote un chapuzón en la piscina del vecino.
Se que me observas, que estas pendiente de todos nosotros, que nos tomas de la mano y nos brindas un abrazo. Eres ese ángel silencioso que se pasea en todo momento, que estas en nuestros momentos de alegrías y tristezas; que compartes con nosotros tantos momentos especiales. Te siento en la brisa fresca, en la lluvia que refresca; incluso en aquel 1 de octubre tan especial, se que estuviste viendo el primer aliento de mi hijo.
Se que nos veremos de nuevo, que estarás cuando llegue el momento, solo espero que estés para darme la bienvenida y realmente podernos entrelazar en un fraternal abrazo. Será hasta entonces; se que es solo un hasta luego, que vivimos en tiempo prestado y nadie sabe el día exacto para el reencuentro.
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